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¿Qué es el EIAR?

El EIAR se produce mediante un proceso de semielectrólisis y es totalmente artificial. Ofrece tanto un agua alcalina para beber como un agua ácida para la desinfección. Los parámetros obtenidos con el EIAR no existen en ningún lugar de la naturaleza salvo en 3 o 4 bolsas subterráneas de pizarra, de las cuales la más conocida es la de Brandhloz, en Alemania, donde se trata a personas enfermas. Estos valores se sitúan biológicamente fuera de la norma y apuntan, no a un agua de mesa, sino a un agua terapéutica.

Nuestra opinión

Hasta donde sabemos, el consumo de EIAR a largo plazo no ha sido objeto de ningún estudio científico ni médico.

Para los especialistas, el EIAR no es un agua normal, sino un medicamento.

Como no existe ninguna norma oficial relativa al potencial de oxidación-reducción y al rH2, nos encontramos en plena incertidumbre sobre el efecto beneficioso o perjudicial de estas aguas.

Beber un agua cuyo rH2 se aproxima a 0 nos parece aberrante, puesto que la oxidación es fuente de vida.

Además, esta agua reductora se encuentra en un medio favorable para el desarrollo de bacterias.

La mineralización de estas aguas está totalmente desequilibrada, ya que solo contiene elementos alcalinos.

Por otra parte, pretender destruir todos los radicales libres generados por el cuerpo humano con un EIAR es un absurdo, ya que nuestro cuerpo necesita radicales libres para destruir las bacterias y los virus en los casos de infección. El ser humano y la naturaleza en general necesitan equilibrio, y beber un agua de este tipo continuamente sin supervisión médica puede resultar peligroso.

El EIAR no es un agua pura natural como sugieren algunos argumentos comerciales. Prudencia…

Una fuente fiable

Además, en su artículo «Características fisicoquímicas, biológicas y terapéuticas del agua alcalina reducida electrolizada» de 2013, los profesores Marc Henry y Jacques Chambron de la Universidad de Strasbourg plantean serias críticas sobre el desgaste de los electrodos que incorporan estos aparatos, que se corroen con el tiempo. Estos, recubiertos de platino, se degradan progresivamente y acaban liberando nanopartículas de este metal que son muy reactivas. Son esas mismas nanopartículas de platino procedentes de los tubos de escape catalíticos de los coches las que actualmente se cuestionan por su toxicidad.

El informe detallado Henry/Chambron que se presentó a la Académie Nationale de Médecine (ANM) solicita que se alerte a las autoridades sanitarias de la disponibilidad incontrolada de estos dispositivos que generan sustancias medicamentosas y que, por tanto, deberían venderse conforme a las exigencias reglamentarias.

La versión francesa de esta publicación se leyó en la Académie des Sciences el 1º de abril de 2014 y los compradores de estos aparatos no deberían tomarse a la ligera esta recomendación de especialistas científicos del agua.

Digamos, aun así, que esta agua puede ser interesante en determinados casos de enfermedades graves que generan radicales libres en grandes cantidades, ya que ningún radical escapa al platino…

Para más información…

Para profundizar en el tema, le invitamos a consultar el blog del profesor Marc Henry (http://prmarchenry.blogspot.fr/) y el sitio web del profesor Joseph Országh (http://www.eautarcie.com/03d2.html). Sabrá mucho más sobre las EIAR antes de decidir si desea invertir en este tipo de aparato o no.